Internacional
Mujeres encerradas en sus casas, la mayoría de las muertes del terremoto de Afganistán
Mujeres en hospitales, morgues, y bajo los escombros tras los terremotos en el oeste de Afganistán suman la mayoría de las víctimas de la catástrofe del pasado sábado, según fuentes del sistema de salud y supervivientes; muchas de ellas se encontraban en sus casas bajo el trauma de la guerra o impedidas de salir al exterior por las normas del régimen talibán.
De acuerdo con el cálculo de los talibanes, más de 4.500 personas fueron víctimas de la serie de terremotos que destrozaron una veintena de pueblos de la provincia de Herat, en el oeste del país. Mientras, los habitantes siguen escarbando con las uñas en la tierra buscando cuerpos.
El último balance oficial con el número preciso de muertos fue ofrecido el pasado lunes, estimando más de 2.400 fallecidos. Los funcionarios del régimen fundamentalista admiten aún ahora que es muy difícil confirmar el total de muertos porque muchas personas siguen bajo los escombros.
«Hasta la fecha, más del 90 % de los muertos reportados son niños y mujeres», sostiene un informe de Unicef, mientras que otros testimonios apuntan a que estas, y sus hijos, son por lo menos dos tercios de las víctimas.
El oeste de Afganistán tembló al menos siete veces la mañana del sábado pasado, dos con terremotos devastadores de 6,3 de magnitud. En ese momento, buena parte de los hombres de esta zona rural, poblada por pequeñas aldeas, estaban en los campos trabajando la tierra, recuerdan varios testimonios recogidos por los trabajadores humanitarios.
En muchas de estas aldeas se encontraban sobre todo las mujeres, tradicionalmente limitadas a trabajar en el hogar, y contenidas por la rígida interpretación de la ley islámica de los talibanes que les prohíbe salir al exterior sin su marido o un acompañante hombre.
El primer temblor ocurrió a las 12.11 hora local (06.41 GMT), aproximadamente la hora a la que la comunidad se prepara para la oración obligatoria del mediodía.
La esposa de Abdul Qayoum, su cuatro hijas y dos niños murieron dentro de su casa durante el terremoto del pasado sábado, mientras este trabajador migrante de 29 años se encontraba en Kabul haciendo trámites de sus documentos de viaje.
«Mi familia estaba en estas dos habitaciones cuando ocurrió el terremoto», señaló a EFE mientras apunta a una loma de tierra y escombros en el distrito de Zindah Jan.
Khan Agha, de 50 años, perdió a su esposa, a sus cuatro hijas y su sobrino, que estaban todos juntos en una habitación. Las hijas de Agha estaban en casa ese día, impedidas de ir a la escuela por la prohibición de los talibanes sobre la educación secundaria de las chicas.
“Mis hijas fueron luz de mi casa, y se fueron con sus sueños. Quizás tengan algo que decir, pero se fueron”, lamenta al hablar de ellas ahora entre las siente tumbas que cavó para sus familiares muertos el sábado.
En el distrito de Zindah Jan no queda ni una casa en pie, casi todas las familias sufrieron pérdidas y la gente sigue cavando entre los escombros para encontrar los cuerpos de sus familiares.
«Conocí a un joven que me dijo que era el único superviviente de su familia. Pero lo que es difícil de aceptar es la expresión de los rostros de las personas y el alto nivel de trauma. La gente todavía está tratando de digerir lo que les está sucediendo”, dijo a EFE el jefe de la oficina de campo de UNICEF Afganistán para la Región Occidental, Siddig Ibrahim.
La casa de Asifa se vino encima de ella y sus hijos, según un testimonio recogido por Unicef. En el momento en el que el primer terremoto sacudió la tierra esta madre de 21 años decidió quedarse dentro de su vivienda, al pensar que el ruido y la vibración se debieran a un bombardeo.
«Al principio pensé que era una explosión», dice la joven que ha nacido y crecido entre el conflicto armado y la guerra que ha asolado el país por décadas, «pero casi inmediatamente después la casa se nos cayó encima a mí y a mis hijos”, recuerda.
EFE / Foto: Referencial
Noticias
Joven de 25 años recibe la eutanasia tras dura batalla legal
Noelia, la joven española con paraplejia que ha pasado los últimos meses de su vida luchando judicialmente contra su padre que la quería mantener con vida contra su voluntad, ha recibido la eutanasia este jueves, en medio de una gran expectación mediática que ha encendido la polémica.
A los 25 años, Noelia ha muerto en el Hospital Residencia Sant Camil de Sant Pere de Ribes (Barcelona), donde estaba ingresada.
El caso de Noelia empezó a ser conocido por la opinión pública española el 2 de agosto de 2024, día que había sido programada su eutanasia, tras haber recibido el aval del organismo público que vela para se aplique correctamente el derecho a la muerte digna que recoge la legislación española.
En el último momento, un juez paralizó la muerte asistida, en respuesta a la demanda interpuesta por el padre de la joven, asesorado por el colectivo ultracatólico Abogados Cristianos.
El caso pasó por el juzgado, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, el Supremo y el Constitucional, que inadmitió el último recurso, en el que el padre volvía a pedir suspender de forma cautelarísima la eutanasia.
Finalmente, casi dos años después, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos rechazó paralizar la eutanasia como había pedido su padre tras agotar todas las vías legales en España.
En el tramo final de esta lucha judicial, la joven aceptó ser entrevistada por un conocido programa de televisión de Antena 3.
En la entrevista aseguró que nunca había tenido la duda de parar el proceso porque «lo tenía muy claro desde el principio», a pesar de que su familia estuviera en contra de su decisión.
«Quiero irme ya en paz y dejar de sufrir y punto. La felicidad de un padre, de una madre o una hermana no puede estar por encima de la felicidad de una hija», explicó en uno de los fragmentos emitidos.
En la entrevista ella narró una infancia y una juventud muy desgraciada, en la que había habido abusos.
Respecto a su enfermedad, el expediente sanitario dictamina «paraplejia», fruto de un intento de su***dio en noviembre de 2022, que le dejó graves secuelas y pérdida de autonomía.
Cortesía El Tubazo / Fuente El Nacional






