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Dr. Douglas Rodríguez: impedir los toros, es un triunfo de la barbarie sobre las leyes

PCH.- Especial

El desmontaje de la plaza portátil de toros, indicativo de la suspensión del espectáculo taurino, hizo recordar al reconocido jurista caroreño, doctor Douglas Rodríguez, aquel pasaje histórico causado entre el doctor José María Vargas y el hombre de charreteras Pedro Carujo. Un acontecimiento convertido a lo largo de los años en pieza emblemático fundamental, que resalta el triunfo de la barbarie sobre el civilismo y las leyes. Una etapa que pensábamos ya superada y sepultada luego de casi 200 años de vida republicana, sin embargo desenterrada en los recientes últimos 23 años.

A propósito de esta barbarie, una jueza declaró SIN LUGAR una solicitud de suspensión de la corrida de toros. Luego, por disposición de la Ordenanza de Espectáculos Públicos –por cierto una atribución ilegal–, el Prefecto le dio el visto bueno al espectáculo taurino, incluso los bomberos inspeccionaron el escenario y sugirieron algunas recomendaciones que el promotor acató y corrigió. Pese a todo ello, pasando por encima de la Primera autoridad civil del municipio, un pelotón armado de la GNB y la PNB acordonaron el lugar, ordenaron el desmontaje sin conocerse quién impartió la orden. Que se sepa, la única evidencia en todo este embrollo, más político que legal o ambientalista, fue una resolución de la Cámara Municipal que EXHORTA la suspensión de la tarde de toros por carecer de la debida seguridad.

Al respecto el doctor Rodríguez expresa: “Llamar ‘triunfo de la revolución sobre los godos de la derecha’ (al parecer andan los psvistas ‘celebrando’ en sus redes sociales) al bochorno de impedir la corrida de toros, es demostrativo del hoyo profundo al que nos han llevado 23 años de atraso socialista, dentro de cuyo régimen es el resentimiento una de las peores experiencias históricas de que se tenga conocimiento en la vida republicana de Venezuela. Se trata de una guerra a muerte de un grupo minoritario armado sobre una mayoría determinante e inerme, a la que se ha sometido a la suerte de una gigantesca y oprobiosa dominación. Del mayor secuestro colectivo de que tengamos conocimiento”, expresa el jurista como primera impresión.

Continuó: “Si el asunto de los toros fuera, nada más, un caso de conculcación del orden jurídico a resolver con solo acudir al sistema de justicia para obtener la satisfacción del derecho vulnerado, esa acción solo sería una forma ingenua de entender el drama inmenso que nos previene del simple desarme de una plaza de toros ocasional. Allí, hay odio desmesurado; hay envidia, por no ser del resentido la idea de la corrida; hay muestra de fuerza bruta, que se impone sobre la racionalidad; hay una barbarie, que grita triunfo cuando consigue un inicuo propósito; y, hay, fundamentalmente, descarnado abuso, cuando hay ausencia de la observancia de normas legales, y se escoge el atajo de la montonera enardecida, y harta de arbitrariedad, para hacer, a ultranza, lo que no se debe. La moral, la ética y el derecho, ¡al carajo!”, reaccionó el abogado ante los acontecimientos calificados como atroces del pasado viernes.

“Debo decir, agregó el doctor Douglas Rodríguez, lo que ya he reiterado en cada oportunidad en que me ha correspondido exponerlo; que no me gusta la fiesta brava, pero, me mato por el respeto de quienes la aplauden. La hipocresía del decir de muchos de sus detractores, que es al toro a quien quieren proteger, es una cruda mentira, cuando en su casa hay un perro muerto de hambre y cargado de cuantos parásitos lo agobian, de lo que resulta construir una abyecta farsa para presentarse como héroes en una causa que les es, evidentemente, ajena”, subrayó.

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